
¿De dónde procede el gas radón?
¿Sabías que el gas radón es de origen natural? Descubre de donde procede y las principales zonas afectadas por este peligroso gas.

El gas radón es el segundo factor de riesgo de cáncer de pulmón más importante después del tabaco, según la Organización Mundial de la Salud. Es un gas radiactivo de origen natural, incoloro e inodoro, que se genera por la descomposición del uranio presente en suelos y rocas graníticas, y que puede acumularse en el interior de los edificios —especialmente en plantas bajas, sótanos y espacios con poca ventilación— hasta alcanzar concentraciones peligrosas.
En España, Galicia, Extremadura, zonas del Sistema Central, Salamanca y Ávila son las regiones con mayor prevalencia documentada, aunque pueden existir concentraciones elevadas en puntos localizados de cualquier territorio con suelo granítico. Desde 2019, el CTE DB-HS6 y el Real Decreto 1029/2022 regulan las medidas obligatorias de protección frente al radón en edificios de nueva construcción y en determinados espacios de trabajo en zonas de riesgo.
Esta categoría recoge los artículos sobre medición del gas radón (tipos de detectores, costes, procedimiento), sobre las zonas de mayor incidencia en España, sobre la normativa aplicable a viviendas y empresas, y sobre los sistemas técnicos de mitigación disponibles cuando la concentración supera los niveles de referencia (300 Bq/m³ según CTE, 100 Bq/m³ según OMS). Si ya sabes que tienes un problema, el directorio de empresas especializadas te ayuda a encontrar instaladores certificados en tu zona.

¿Sabías que el gas radón es de origen natural? Descubre de donde procede y las principales zonas afectadas por este peligroso gas.

¿Qué medidas deben adoptar las empresas en referencia a la incidencia de Gas Radón?
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El primer paso ante cualquier sospecha o conocimiento de que la vivienda está en zona de riesgo es la medición. No es posible detectar el radón por los sentidos: es incoloro, inodoro e insípido. La única forma de saber si hay un problema es con un detector calibrado.
Detectores pasivos de trazas alfa (largo plazo). Son pequeñas pastillas de plástico LR-115 o CR-39 que se colocan en la vivienda durante 3-12 meses y luego se envían a laboratorio. Son la medición más fiable estadísticamente porque promedian las fluctuaciones estacionales del radón (los niveles son más altos en invierno y en períodos de presión atmosférica baja). Coste: 30-80 €.
Detectores electrónicos continuos. Monitores que miden la concentración en tiempo real con actualización horaria o diaria. Más caros (150-400 €) pero ofrecen información inmediata y permiten ver las fluctuaciones. Útiles para verificar la eficacia de un sistema de mitigación ya instalado.
El CTE establece el nivel de referencia en 300 Bq/m³ (becquerelios por metro cúbico). La OMS recomienda no superar 100 Bq/m³ como objetivo ambicioso. Entre 100 y 300 Bq/m³, la intervención no es obligatoria pero sí recomendable. Por encima de 300 Bq/m³ en zona clasificada como de riesgo, la normativa obliga a implementar medidas correctoras.
Despresurización activa del suelo (ASD). El sistema más eficaz para edificios con losa. Consiste en instalar una tubería conectada a un extractor mecánico que crea presión negativa bajo la losa, extrayendo el radón antes de que entre al edificio. Reduce la concentración entre un 80 y un 95%. Coste: 1.500-4.000 € según el tamaño del sistema.
Ventilación forzada controlada. Menos eficaz que la ASD pero más económica en algunos casos. Aumenta la tasa de renovación de aire, diluyendo la concentración de radón. Coste: 800-2.500 €.
Sellado de fisuras y barreras anti-radón. Medida complementaria, nunca suficiente como única intervención. Útil para reducir los puntos de entrada del gas.
El Real Decreto 1029/2022 establece los niveles de referencia y las obligaciones para espacios de trabajo en zonas de riesgo. El CTE DB-HS6 (desde la revisión de 2019) incluye requisitos específicos para nuevas construcciones en municipios de alto potencial de radón. La cartografía de riesgo publicada por el Consejo de Seguridad Nuclear es la referencia oficial para determinar la clasificación del municipio.
Solo mediante medición con detector calibrado. El gas es indetectable por los sentidos. Si tu vivienda está en planta baja, sótano o zona de alta incidencia geológica (Galicia, Sistema Central, Extremadura), la medición preventiva es muy recomendable. Los detectores pasivos de largo plazo son la opción más fiable y económica para una primera medición.
El radón entra principalmente a través del suelo y los cimientos, por lo que su concentración es más alta en plantas bajas y sótanos. En pisos superiores las concentraciones son significativamente menores, aunque en edificios con graves deficiencias de ventilación puede acumularse también en plantas intermedias. A partir de la segunda o tercera planta el riesgo es generalmente bajo.
Para viviendas particulares, no existe obligación general de medición. Para lugares de trabajo situados en plantas bajas, sótanos o espacios con acceso al exterior del terreno en municipios de alto potencial de radón, el Real Decreto 1029/2022 establece obligación de medición para el empleador. Para nuevas construcciones en zonas de riesgo, el CTE DB-HS6 exige la implementación de medidas preventivas.
La medición previa cuesta entre 30 y 80 € para detectores pasivos de largo plazo. Un sistema de despresurización activa del suelo (el más eficaz) cuesta entre 1.500 y 4.000 €. Consulta la guía de precios del portal para detalles por tipo de sistema.
Los detectores electrónicos de consumo de marcas reconocidas (Airthings, RadonEye, SafeAir) tienen una precisión aceptable para uso doméstico, con márgenes de error del 10-20%. Para mediciones con validez normativa o para tomar decisiones de mitigación costosas, se recomienda el detector pasivo de trazas alfa enviado a laboratorio acreditado, que es el método de referencia.
No necesariamente. La ventilación natural reduce algo la concentración de radón, pero no lo elimina. Los sistemas de ventilación mecánica controlada (VMC) con caudales adecuados sí pueden reducir significativamente la concentración, pero la solución más eficaz sigue siendo la despresurización activa del suelo cuando los niveles son altos.
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